Chispa de Zunray junio 2020

anandamayi

Namaste yogins,

“Todos los caminos son mi camino y yo no tengo ningún camino”

Este mes se lo dedicamos a Anandamayi Ma, una yogini sagrada, de enigmática sonrisa y belleza magnética. No sólo era feliz o pacífica, sino que su misma presencia era la felicidad y la paz, cualidades muy necesitadas ahora mismo, ¿verdad? Nació a finales del XIX y dejó su cuerpo físico en 1982.

Su nombre significa “madre impregnada de Dicha Suprema”, el nombre perfecto pues era una encarnación de la dulzura y la felicidad. Su disposición era siempre sonriente, servicial y amable, una fuente de amor hacia todos. Vivía en la total aceptación del presente, ausente de lucha o de apegos, nunca oponía resistencia a lo que se presentaba delante de ella. Podíamos decir que ejemplificaba el “flow” del que tanto hablamos en las clases de yoga. A ella se le atribuyen milagros y curaciones; existen numerosísimas historias sobre sus logros espirituales; y alcanzó un profundo conocimiento de las distintas vías del yoga de manera espontánea ya que nunca fue iniciada en ninguna tradición.

Vivía la experiencia mística por encima de cualquier credo o escuela, ella era el yoga. Hay una historia muy bonita que ejemplifica esto a la perfección. Poco después de casarse, cuando el marido de Anandamayi regresaba del trabajo cada tarde, ella le atendía, le daba de comer y le preparaba una hooka, una pipa. Cuando él ya estaba relajado y descansando, ella solía preguntarle –“¿Te importaría si hiciera un poco de sadhana?” y acto seguido solía sentarse en meditación repitiendo el mantra “Hari, Hari, Hari” como había visto que su padre oraba cuando ella era pequeña. Al poco tiempo, su marido le preguntó que por qué recitaba “Hari” si en su casa (la de él) no eran Vaishnavas. Te gustará saber que “Hari”, es uno de los nombres de Krishna y Krishna es una encarnación de Vishnu, el dios venerado en la tradición Vaishnava. A la pregunta de su marido, Anandamayi respondió –“¿Debería recitar Shiva, Shiva, Shiva? Pues así lo haré”. Para ella no había diferencia entre un nombre y otro, sabía que el poder de la práctica espiritual es la misma en cualquier tradición.

En la experiencia de Annadamayi, todas las formas de sadhana sucedían espontáneamente, como un juego. Enseñó que no hay nada serio en la práctica espiritual, que esta sucede sin esfuerzo, cuando no tratamos de inducirla. ¿No es más hermoso quedarse quieto y dejar que una mariposa se pose sobre tu brazo que perseguirla para retenerla bajo una red?

¡Nos vemos en la esterilla!

Aham prema
Zaira