La Chispa de Zunray

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Namaste,

Mmm… y llegó mayo, con sus flores, colores, aires cálidos y vitalidad. ¡Qué fácil distraerse persiguiendo mariposas, olisqueando las rosas y soñando despiertos mientras nos tumbamos sobre la hierba o, en el caso de Mallorca, sobre la arena! Este mes esencialmente femenino nos invita a deleitarnos en el mundo de la naturaleza, nos lleva a sumergirnos en el universo sensorial de Prakruti, la matriz de la materia.

De acuerdo al yoga, la realidad se desdobla en dos características primordiales y complementarios. Por un lado, tenemos el aspecto material y, por otro, el metafísico. Este segundo será el objeto de la Chispa del mes de junio, por ahora centrémonos en el primero, en Prakruti, la materia que experimentamos a través de los sentidos. Prakruti es el aspecto femenino de la existencia, lo manifiesto, inmanente y cambiante. La mujer es considerada una representación de Prakruti, como lo son los ciclos de la luna, las estaciones del año o la fuerza de la creación.

A través de los órganos de los sentidos entramos en comunión con la naturaleza, por eso en yoga se presta especial atención a cómo los experimentamos de manera consciente. Este mes, te invitamos a que estés atento a lo siguiente cada vez que te subas a tu esterilla:

El sonido de tu respiración, el canto de Aum o de los mantras, el piar alegre de los pajarillos en el callejón. Esos sonidos primordiales nutren el sentido del oído.

La luminosidad en la sala, la observación de la belleza de las posturas tanto si te fijas en cómo las realizas tú mismo como cuando las hacen tus compañeros o el profesor. Todo ello nutre tu vista.

La sensación del aire cálido sobre tu piel, incluso la sensación del sudor aflorando porque ya hace más calor, la superficie rugosa de la esterilla, el contacto cuando saludas o abrazas amigablemente a tus compañeros y profes. Son alimento para el tacto.

El sabor refrescante en la boca cuando bebes agua después de haber practicado o de las infusiones biológicas antes de entrar a clase. No sólo hidratan tu cuerpo, sino que nutren el sentido del gusto.

El olor del incienso y de los aceites esenciales que algunos profesores utilizamos durante la relajación consciente al final de la clase. Permite que deleiten tu olfato.

Vivir es un regalo y el yoga nos invita a aprovechar cada segundo que tenemos de presencia sobre la Tierra. Hagamos de la materia nuestra meditación, contemplando cada uno de sus aspectos con mucho amor y gratitud.

¡Nos vemos en la esterilla, yogins!
Aham prema – somos amor

Zaira